La digitalización cambió lo que el consumidor considera aceptable

Durante años, las refaccionarias funcionaron bien con una lógica simple:
Buena relación con clientes y vendedores expertos al frente...
Eso fue suficiente por mucho tiempo pero ya no lo es.
Ese mismo cliente entra a una refaccionaria o llama a un taller con esa expectativa en mente (aunque no lo diga).
Espera respuestas rápido, y cuando no las obtiene, simplemente busca otra opción.
Para esta nueva realidad, se requiere tecnología si o si.
Las refaccionarias trabajan más que nunca: más llamadas, más WhatsApps y más entregas.
Se desgastan por cómo operan:
Eso genera fricción, y la fricción es lo primero que el consumidor moderno no tolera.
Antes:
Hoy el negocio compite contra:
La intuición sigue siendo valiosa, pero ya no es suficiente. Necesita adaptarse = cambiar.
Tomar acciones concretas:
Son cambios simples, pero constantes.
Los negocios que se adapten van a destacar incluso sin hacer publicidad.
Los que no, van a sentir que cada mes cuesta más vender lo mismo.
No es una amenaza. Es una realidad.
Nadie espera que una refaccionaria opere como Amazon.
Pero sí espera:
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